Lo que nos distingue

Amor a la Eucaristía

SAN JUAN BOSCO Y LA EUCARISTÍA: Concepción clave en su vida

En la espiritualidad salesiana el culto y la devoción a la Eucaristía ocupan un lugar innegablemente central.

Desde muy pronto, el pequeño Juan Bosco, educado por su propia madre, aprende la centralidad de este sacramento en la vida cristiana.

Durante los años de seminarista, el joven Juan Bosco se privaba, con frecuencia, del desayuno para tener la posibilidad de comulgar antes de comenzar las clases.

Una vez ordenado presbítero, la Eucaristía fue para él el centro y motor de su vida espiritual y de su incansable actividad apostólica.

La Eucaristía como medio educativo

Como educador de jóvenes cristianos, San Juan Bosco, tuvo claro su Sistema y lo experimentó con éxito en el Oratorio de Valdocco: la confesión frecuente como medio de corrección personal y toma de conciencia del progreso en la adquisición de virtudes.

Aconsejaba que la puerta de la iglesia, en los ambientes salesianos, estuviera a la altura del patio para que los niños pudieran hacer una “visita” al Señor al comenzar el recreo.

En efecto, había jóvenes que invitaban a otros compañeros a visitar al Señor, para ello fundó la Compañía del Santísimo, una asociación juvenil cuyo fin era, precisamente, no dejar al Señor solo en los tiempos de recreo y vivir la espiritualidad eucarística.

“Con frecuencia, escribe su biógrafo, al predicar sobre la Eucaristía, lloraba y hacía llorar de emoción a los demás al describir el generoso amor de Jesús por los hombres.

Decía a los chicos: Queridos jóvenes, ¿queremos estar contentos y alegres? Amemos con todo corazón a Jesús Sacramentado”.

Amor a María

El título de Auxiliadora es muy anterior a Don Bosco. Viene de los primeros cristianos griegos que la llamaban Virgen María ‘Boetéia’ que significa “la que trae el auxilio venido del cielo”. María Auxiliadora es considerada “clave” en muchas batallas de los cristianos, como la Batalla de Lepanto (1571); o cuando, en el siglo XVII, por intercesión de María Auxiliadora, los católicos del sur de Alemania se libraron de la invasión de los protestantes.

Por qué se celebra a María Auxiliadora el 24 de mayo

El Papa Pío VII, que había sido hecho prisionero por Napoleón, fue liberado gracias a la intervención de María. Pío VII llegó a Roma el 24 de mayo de 1814. El mismo papa fijó ese día para celebrar cada año la fiesta de María Auxiliadora.

Hay una fecha muy significativa ,1860. María se aparece a Juan Bosco y le dice que quiere ser honrada con el título de “Auxiliadora”, y le señala el sitio para que le construya en Turín, Italia, un templo. Pero será exactamente en 1862, en plena madurez de Don Bosco, cuando éste hace la opción mariana definitiva: Auxiliadora. “La Virgen quiere que la honremos con el título de Auxiliadora: los tiempos que corren son tan complicados que tenemos necesidad de que la Virgen nos ayude a conservar y a defender la fe cristiana”. Desde esa fecha el título de Auxiliadora aparece en la vida de Don Bosco y en su obra como “central y sintetizador”.

En 1863 Don Bosco comienza la construcción de la iglesia en Turín. Todo su capital era de cuarenta céntimos, y esa fue la primera paga que hizo al constructor. Cinco años más tarde, el 9 de junio de 1868, tuvo lugar la consagración del templo. Lo que sorprendió a Don Bosco primero y luego al mundo entero fue que María Auxiliadora se había construido su propia casa, para irradiar desde allí su patrocinio. Don Bosco llegará a decir: “No existe un ladrillo que no sea señal de alguna gracia”.

Desde aquel santuario empezó a extenderse por el mundo la devoción a la Madre de Dios bajo el título de Auxiliadora, y son tantos los favores que la Virgen concede a quienes la invocan con ese título, que esta devoción ha llegado a ser una de las más populares. San Juan Bosco decía: “Propagad la devoción a María Auxiliadora y veréis lo que son milagros”, y recomendaba repetir muchas veces esta pequeña oración: “María Auxiliadora, ruega por nosotros”.

 

 

La devoción de Madre Mazzarello a María Auxiliadora

Santa María Mazzarello, piedra angular del “Monumento viviente”, de las FMA, comprendió todo el sentido de esta vocación y lo hizo vida: Amar a María Auxiliadora, propagar su devoción, ser como Ella, auxiliadora de las jóvenes en la Iglesia, configurarse con ella para ser su verdadera Hija.

Su devoción a María Auxiliadora no tenía límites. Era la inspiradora y fundadora de la Congregación. La amaba y le pedía que Ella fuera la verdadera Madre de las hijas y la Superiora General del Instituto.

Le rogaba incesantemente que la protegiera y la apartara del peligro de ofender a Dios y que ninguna de sus hijas cayera en pecado. Antes, por el contrario, vivieran siempre, como Ella, pobres, humildes y puras. (Así lo testimonia Don Cagliero)

María Auxiliadora ocupa el primer lugar en la casa de Mornés, la Casa Madre del nuevo Instituto. “cuando Don Bosco nombró a sor María Mazzarello superiora del naciente Instituto dijo que, de momento, tuviese el título de Vicaria, porque la verdadera Superiora era la Virgen. Ella tomó a la letra las palabras del Santo y así se consideró toda la vida, a sus pies depositaba todas las noches las llaves de la casa”. (Madre Enriqueta Sorbone)

Vivía y enseñaba a vivir en filial y amorosa dependencia de María. En 1874, durante la novena de la Inmaculada, dijo a las hermanas: “La verdadera Superiora de la casa, por deseo de Don Bosco, es la Virgen. Todas, por lo tanto, debemos vivir bajo su dependencia, mostrarnos hijas afectuosas y dóciles y hacer todo lo posible por imitarla y representarla en su pureza y humildad de corazón”.

Repetía frecuentemente:

“Tened mucha confianza en la Virgen, ella os ayudará en todas vuestras cosas”.

La fidelidad a la Iglesia y al Papa

“Para aquellos que saben leer profundamente en la vida de Don Bosco, él aparece junto con el sacerdote de la juventud y el sacerdote del Papa …” síntesis que el Papa Juan XXIII hizo de toda la vida y de toda la obra, del alma y el corazón de Don Bosco.

El santo cercano a su muerte, confió a Mons. Cagliero: “Al Santo Padre le dirá lo que hasta ahora se mantuvo en secreto: que los salesianos tienen para fines especiales el apoyo de la autoridad del Papa, dondequiera que estén, dondequiera que trabajen”.

 

Papa Francisco en su visita a Turín, el barrio de Valdocco, donde está la primera obra en la que inició Don Bosco su misión, decía: “Don Bosco siempre expresó y manifestó en la Iglesia y enseñó, no solamente a sus hijos e hijas los salesianos y salesianas, sino a todos los hombres y mujeres que siguen al Señor, esta centralidad, el amor a Jesús Eucaristía ,el amor a la Virgen María y el amor al Papa; es como la síntesis de su vida espiritual”, y precisamente en esa síntesis de vida espiritual nosotros podemos ver los elementos fundamentales de la espiritualidad católica.

Y el Papa en su discurso animaba y decía: “Don Bosco nunca sintió vergüenza de amar la Eucaristía; Don Bosco nunca sintió vergüenza de amar a la Virgen María; Don Bosco nunca sintió vergüenza, a pesar de las crisis y dificultades, de manifestar su amor al Papa”.

Y sobre el sucesor de Pedro, Don Bosco decía:

“Quien está unido al Papa está unido a Cristo” (MB VIII, 567).

“Seremos obsequiosos con la Cátedra Apostólica, en todo, en todo tiempo, en todo lugar donde nos llame el Señor” (MB XV, 249).

“Una sugerencia del Papa es para mí una orden” (MB V, 874).

“Su palabra tiene que ser nuestra regla en todo y para todo” (MB VI, 494).

El Sistema Preventivo

En abril de 1854 Don Bosco expuso sus ideas pedagógicas al Ministro de Gracia y Justicia Urbano Ratazzi: “Vuestra Excelencia no ignora que existen dos sistemas educación; uno se llama sistema represivo, el otro es el sistema preventivo. Aquel se propone educar al hombre con la fuerza, reprimiéndolo y castigándolo, cuando ha violado la ley, cuando ha cometido un delito; este trata de educarlo con la dulzura y, por eso lo invita suavemente a la observación misma de la ley, y le suministra los medios más aptos y eficaces para tal fin; éste es precisamente el sistema vigente entre nosotros. Ante todo, se procura infundir en el corazón de los muchachos el santo temor de Dios; se les inspira amor a la virtud y horror al vicio, mediante la instrucción catequética y con las apropiadas enseñanzas morales;

son orientados y sostenidos en el camino del bien con oportunos y bondadosos consejos, y, especialmente, con ejercicios religiosos de piedad. 

Además, vienen atendidos en lo posible, con una amable asistencia durante el recreo, en clases y en el trabajo; se les anima con palabras de aprecio, y apenas, demuestran haber olvidado las obligaciones, se les recuerda amablemente con buenos consejos. En pocas palabras, se usan todos los medios de la caridad cristiana para que practiquen el bien y huyan del mal; por el principio de una conciencia iluminada y sostenida por la Religión (BS 1882, n.11, noviembre, p.179).

El Sistema Preventivo de Don Bosco trata de hacer que los jóvenes se desarrollen en un ambiente educativo donde las relaciones de cercanía, unas normas razonables y una preocupación por el desarrollo integral de la persona hagan de él o ella un sujeto activo en su proceso de enseñanza-aprendizaje: “Buenos cristianos y honrados ciudadanos”.

Este sistema único, forma a una persona en cuerpo, corazón, mente y espíritu. Don Bosco enfatizó firmemente que a los jóvenes se les debe enseñar a través de la paciencia y la empatía amorosa y no con intimidación o castigo.

En las propias palabras de Don Bosco: “Estad con los muchachos, prevenid el pecado por medio de la razón, la religión y el amor lleno de cariño. Convertíos en santos educadores de santos. Nuestros chicos deben darse cuenta que son amados”.

El Sistema Preventivo apoya su eficacia educativa en tres pilares fundamentales: La importancia de la Educación (la Razón) la necesidad de Fe (Religión) y el regalo de sentirse amados (Amabilidad-Amor)

El “Sistema Preventivo” es el arte de educar en positivo. El educador cree en los jóvenes, confía en ellos. Les da responsabilidades.

Otra característica del Sistema Preventivo de Don Bosco es la transmisión del bien y de las experiencias positivas, sobre la belleza, la verdad, la bondad, la honestidad, y sobre experiencias pedagógicas positivas.

El Espíritu de Familia

Don Bosco decía “Si se quiere hacer un solo corazón y una sola alma, por amor a Jesús, hay que romper la barrera fatal de la desconfianza y hacer entrar la confianza…”

Y sobre las huellas de Don Bosco, “para nosotros, sus hijos, la familia es una realidad constitutiva de nuestra vida y de nuestra misión. Como educadores conocemos bien la importancia de crear un clima de familia para la educación de los niños, de adolescentes y jóvenes”. 

Con este fin “el mejor ambiente es precisamente el que se hace con el modelo base de la familia: el que reproduce ‘la experiencia de la casa’, donde los sentimientos, las actitudes, los ideales, los valores son comunicados vitalmente, a menudo con un lenguaje no verbal y sobre todo no sistemáticos, pero no menos eficaz y constante… Vivir en familia no es sólo una simple elección pastoral estratégica, tan urgente hoy en día, sino una manera de realizar nuestro carisma y un objetivo que hay que privilegiar en nuestra misión apostólica”. (Don Ángel Fernández Artime, Rector Mayor de la Familia Salesiana)

El Espíritu de Familia es una dimensión fundamental de la espiritualidad salesiana, un elemento carismático constitutivo que tiene su fuente en los ambientes educativos de Valdocco con don Bosco y de Mornés con Madre Mazzarello.

El Espíritu de Familia “es la fuerza creativa del corazón de Don Bosco y el clima gozoso de Mornés que debe caracterizar cada una de nuestras obras educativas”. C 50

Se manifiesta en el tejido de las relaciones cotidianas, en la confianza y en la amistad, el saber cuidarse unos a otros. Se hace visible en la amabilidad que se traduce en magnanimidad, cercanía, gratitud, respeto del ritmo de crecimiento de cada persona.

En este clima, las inevitables dificultades se superan mediante el diálogo abierto y sincero, la experiencia del perdón dado y recibido.

Don Bosco y Madre Mazzarello han sabido crear comunidades permeadas del Espíritu de Familia: en ellas florecían la confianza y la santidad en un estilo de reciprocidad que favorecía la acogida cordial, la confianza recíproca, la familiaridad en las relaciones, el optimismo y la alegría.

Impulsar el Espíritu de Familia como un elemento imprescindible para la vida de comunión lleva a evidenciar la necesidad de asumir la “pedagogía de la comunión”, que implica la elaboración de itinerarios en la elección de experiencias formativas.

El espíritu de familia viene a ser un clima de afecto correspondido. El aprecio y la confianza llevan al trato fraternal. El estilo fraterno debe ser autoridad como servicio y diálogo.

El actuar del educador tiene por elementos: Presencia del educador en relación personal y amorosa, constante y total. Presencia con autoridad, que se hace punto de referencia, de cohesión y de unidad.

Los buenos días son un instrumento para generar un clima de familia. La palabra al oído, se hacen consejo, observación, incitación al bien.

El educador genera una relación de padre con sus alumnos. Esta relación basada en el amor, en la razón. Relación hecha de cumplimiento del deber y libertad gozosa.

Alegría

«¡Mi mayor satisfacción es verte alegre!» Don Bosco

Una de las expresiones más ricas de la pedagogía de Don Bosco es la alegría; recordemos el espacio y la dignidad dados al momento de la recreación, la fiesta, el deporte, la música, el teatro y el patio. Son los lugares de la espontaneidad y de las relaciones donde el educador encuentra modos de intervención, tan sencillos en las expresiones como eficaces en los resultados para crear un clima de amistad y alegría. La alegría es un componente esencial del clima educativo salesiano; es el optimismo proprio de experiencia de familia salesiana. 

Sin embargo, no se trata tanto de una conquista (nada se ve tan falso como el comportamiento de aquellos que son alegres por obligación) como de un fruto: la alegría es la expresión de la felicidad, del estar en armonía consigo mismo, algo que sólo puede derivarse de estar en armonía con Dios y con su creación. Para los cristianos de todos los tiempos, los creyentes de toda edad, raza y condición han encontrado esa serenidad de corazón en el encuentro con Dios y la han expresado al Creador con su alegría vital. Así es para Don Bosco la alegría del “nada te turbe”. Él mismo transmite a sus jóvenes y educadores que creemos en un Dios que no puede contenerse de júbilo por la felicidad de sus hijos. Y que entonces no desea ni expresa otra cosa, sino que también nosotros desbordemos alegría. Por eso invitaba a sus muchachos a explorar nuevos caminos, a valorar como positivo los eventos cotidianos, empapados de confianza en el Padre; esta es la razón de la famosa expresión de Domingo Savio: “Nosotros demostramos la santidad, estando siempre alegres”. Por esto, el ideal de santidad salesiana no está reservado a unos pocos; ha sido siempre dirigido a todos sin excepción. 

Hace ya dos siglos que esta fuente de alegría no ha cesado de manar en la Familia Salesiana. De hecho, son innumerables los jóvenes ya adultos que han ofrecido una lectura limpia, esperanzadora y provocadora del Evangelio. Y cuántos educadores salesianos cuyas vidas manifiestan la cercanía de Dios. Al releer sus vidas, produce siempre una gran admiración encontrar almas alegres, sin pliegues ni recovecos, en quienes se puede confiar y quienes se puede imitar. Es así que la alegría salesiana no es una actitud insignificante: eso sí, no está de ordinario en cosas llamativas, no hace ruido, no es extravagante. La alegría salesiana es el amor disfrutado; es su primer fruto. Cuanto más grande es el amor, mayor es la alegría. ¿Qué sucedería si asumiéramos más a menudo que la alegría es posible y necesaria porque la novedad del mensaje de Cristo, su plenitud, es como el vino nuevo que no cabe ya en los moldes viejos (Mc 2, 22)?

Los Buenos Días, Práctica Tradicional Salesiana

Los “Buenos días” para los niños y jóvenes en las casas salesianas comenzaron siendo “Buenas noches” y son una creación originalísima de Don Bosco, una de las más genuinas y geniales tradiciones salesianas que tuvo lugar su origen en 1841 con el inicio del Oratorio: “Desde el primer año, don Bosco solía dirigir unas palabras, después de la oración de la noche, pero en el principio, él lo hacía de vez en cuando y solamente en las vigilas de las fiestas. Su discurso duraba entre dos y tres minutos” según se apunta en las Memorias Biográficas.

En 1854, Don Bosco escribió en Turín el Reglamento del Oratorio de San Francisco de Sales en el que explicaba en qué consistían:

“Cada noche, después de las oraciones habituales y antes de que los alumnos marchen a descansar, el Director o alguien por él, dirija algunas palabras afectuosas en público, dando algún aviso o consejo respecto a cosas que se deban hacer o evitar e ingénieselas para sacar las lecciones de hechos sucedidos durante el día en el instituto o fuera; pero su platiquita no pase nunca de los dos o tres minutos.  Ésta es la llave de la moralidad de la buena marcha y del éxito de la educación”.

Para Don Bosco no había colegios sino casas abiertas que acogen y educan desde el Sistema Preventivo al corazón. Son nuestros minutos al comienzo de la jornada escolar que desean calar y llegar al ánimo de nuestros alumnos. Son palabras al corazón (como decía el propio Don Bosco) que hacen que la persona se sienta amada por aquella que le habla. Son palabras adaptadas a los destinatarios con estilo sencillo y alegre, desde la esperanza y la vida, y bajo la luz de los valores del Evangelio; para que dejen huella en su vida y desde ella… sean evangelizadores que transformen el mundo que les rodea. Hay muchas formas de dar vida y sentido a unos buenos días. Y desde la brevedad, para que así la comunicación consiga lo que pretende, enriquecer la propia vida. Disfruta de ellos cada mañana, que te ayuden a ti como educador a sentirte llamado a educar a los jóvenes al estilo de Don Bosco y a ayudar a tus alumnos a sentirse amados por Dios.

Más de ciento cincuenta años, después de las primeras “Buenas Noches” de Don Bosco, esta práctica continua viva en nuestros ambientes, con diferentes modalidades: “Buenos días” o “Buenas tardes” y realizada por los directores responsables de las obras educativas u otra persona significativa para los jóvenes.